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Soy un hermano que ha andado un poco más por el sendero y,
por consiguiente, tengo más responsabilidades que el
estudiante común. He luchado y me he abierto camino hacia la
luz y logrado mayor cantidad de luz que el aspirante que
leerá este artículo, por lo tanto, tengo que actuar como
transmisor de luz, cueste lo que cueste. No soy un hombre
viejo, con respecto a lo que la edad puede significar en un
instructor, ni tampoco soy joven e inexperto. Mi trabajo
consiste en enseñar y difundir el conocimiento de la
Sabiduría Eterna donde quiera que encuentre respuesta, y
esto lo he estado haciendo durante muchos años. Trato
también de ayudar a los Maestros M. y K. H. en todo momento,
porque estoy relacionado con Ellos y Su trabajo. Lo expuesto
hasta aquí encierra mucho, pero no les digo nada que pueda
inducirles a ofrecerme esa ciega obediencia y tonta devoción
que el aspirante emocional brinda al Gurú y Maestro con el
que aún no está en condiciones de tomar contacto, ni puede
lograrlo hasta tanto no haya trasmutado la devoción
emocional en desinteresado servicio a: la humanidad, no al
Maestro.
No espero que sean aceptados los libros que he escrito.
Pueden o no ser exactos, correctos y útiles. El lector
puede comprobar su verdad mediante la práctica y el
ejercicio de la intuición. Ni A. A. B. ni yo, tenemos
interés en que se los considere como que han sido
inspirados, ni tampoco que se diga misteriosamente que son
el trabajo de uno de los Maestros.
Si estos libros presentan la verdad de tal manera que pueda
considerarse como la continuación de las enseñanzas
impartidas en el mundo, y si la instrucción suministrada
eleva la aspiración y la voluntad de servir desde el plano
de las emociones al plano mental (el plano donde pueden
hallarse los Maestros), entonces estos libros habrán
cumplido su propósito. Si la enseñanza impartida encuentra
eco en la mente iluminada del trabajador mundial y si
despierta su intuición, entonces acéptense tales enseñanzas.
Si estas afirmaciones son comprobadas oportunamente y
consideradas como verdaderas bajo la prueba de la Ley
de Correspondencias, muy bien, pero si esto no es así,
no se acepte lo expuesto. |